viernes, 6 de abril de 2012

Aventuras de Chavalote III


Tercera parte: El chavalotismo

         Muchos pretenden ser psicoanalistas por el solo hecho de haberse leído unos tomos de Freud, creen que  todos  los trastornos tienen alguna relación con el vacío espiritual  y serían como las piedras por las que se cruza un río, pero el caso de Chavalote era excepcional porque ningún método pudo resultar acertado con él. Tendrían que abrirle la cabeza y escuchar atentamente para enterarse de lo que está ocurriendo.
       Se pasa uno la vida buscando la fórmula para ser diferente, distinto a los demás con el fin de ganar la simpatía y el respeto que se merece cualquier caballero digno, sin embargo, Chavalote era distinto y ganó odio, desprecio y llegó a verse como una verdadera bestia. Y aquí vale la pena realmente abrir un paréntesis. El trastorno de Chavalote era la consecuencia de unos problemas de la vida que no se daban al mismo tiempo, de modo que no debía ser objeto de burla porque a todos nos puede suceder. Lo que pasa es que la situación de Chavalote no era francamente tan exagerada, pero ¿quién frenaba las miradas podridas de la gente y el chisme que bordaban las vecinas acerca de tal Chavalote?

         Vamos, un día Chavalote asistió a un funeral en las regiones de Vera, el difunto era la esposa de un médico especializado en la programación nuerolingüística. Lo que resultaba curioso es que Chavalote nunca frecuentaba funerales, más bien debía estarse soplando una botella de whisky en la  taberna de El Matón o Carltón no recuerdo. Bueno, hubo tiempo en que este médico inició unas investigaciones prácticas psicoanalíticas sobre casos extraños de trastornos, y como la fama de Chavalote saltó por todos los rincones del pueblo, éste  le propuso a Chavalote psicoanalizarlo a cambio de dos botellas de Champán por cada sesión.  Rechazó, le dijo tres botellas, -tampoco-añadió Chavalote, dio vuelta y se retiró. El médico se puso asombrado ante la actitud de ese ser tan extravagante. No sabía que se trataba de Whisky porque Chavalote no se tomaba otra cosa que copas de esa clase de vino, cosa tan rara también.  Dos semanas después de la oferta, y justo en el entierro de su esposa vino Chavalote no para darle el pésame, sino para comentarle que había cambiado de opinión, que aceptaría el convenio si las botellas eran de Whisky.  

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